Aspectos emocionales del embarazo

Cuando pensamos en la posibilidad de convertirnos en madres generalmente se nos vienen a la mente algunas ideas comunes: probablemente la imagen de algún bebé regordete, los pañales, dar la teta, felicidad… ¿Qué nos pasa cuando obtenemos la confirmación del embarazo? Cada mujer vive distinto este momento, al igual que la gestación. Incluso una misma mujer vive distintas experiencias en cada maternidad, con cada embarazo, con cada hije.

En mi caso si hay algo de lo que no tomé conciencia fue del proceso del embarazo. Sabia que podría pasar por algunos malestares, náuseas, panza que crece, aumento de peso, controles médicos, ecografías y preguntas comunes ¿será varón o nena?, ¿parto o cesárea?. No me había detenido a pensar, no tampoco lo había escuchado en otras mujeres de mi entorno, en el enorme trabajo que este proceso significaría para mi subjetividad ni mis emociones. Me había quedado en “lo visible”. Cuando empecé este camino con mi primera hija, todo un universo se abrió. Fue inmenso saber que una vida, deseada y esperada, estaba creciendo dentro mío. Sentí la necesidad de encontrarme con otras, que como yo, estuvieran atravesando la gestación. Comencé a asistir a un grupo de embarazadas, era mi refugio semanal. Allí podía ponerme en movimiento cuerpo y emociones. Me informé acerca del parto respetado, con mi compañero buscamos el equipo que acompañara el momento más sagrado: el nacimiento de mi hija y mio como madre.

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Hacia el segundo trimestre sentí la necesidad de empezar a “armar el nido” y bajar la intensidad de actividades sociales y laborales. A pesar de invadirme la sensación de que “tenia que hacer todo lo que no podría cuando la bebé naciera” pude entender que ahora tenia un trabajo de tiempo completo más importante que cualquier otro. La gestación es un proceso que requiere de energía física, psíquica y emocional.

Como plantea Oiberman, medida que la mujer gesta un bebé en el plano físico, emprende el trabajo psíquico de gestar ese bebé en el plano imaginario. Este trabajo psíquico y afectivo se denomina “maternaje”. Empezamos a imaginar a nuestre bebé, conectar con sus movimientos, fantasear cómo será su carácter, elegir un nombre.

Este proceso de gestación psíquica es denominado por Stern como la creación de una Constelación maternal: “De alguna manera una madre tiene que nacer psicológicamente al igual que su bebé nace de forma psíquica. Lo que una madre da a luz en su mente no es un nuevo ser humano, sino una nueva identidad: el sentido de ser una madre”. (Stern, 1999) Este es un trabajo en el plano psíquico y afectivo que la madre emprende desde la gestación y que proseguirá los meses posteriores al nacimiento del bebé. Esta nueva constelación se convertirá en la nueva organización de su mundo interno, una nueva actitud mental y permitirá que la mujer luego del nacimiento entre en un nuevo estado psíquico muy especial.

La gestación entonces implica un proceso de crisis vital, saludable, que tiene por objetivo re organizar nuestra identidad para hacerle lugar a este nuevo ser. En este camino podemos encontrarnos con ansiedades y miedos, por lo común al comienzo más ligados al temor de perder el embarazo y hacia el final al miedo al parto. Pero también aparecen miedos y preguntas ligadas a descubrir nuestro nuevo rol como madres y e integrarlo nuestra identidad, ahora en crisis.

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En el embarazo también parece despertar un estado particular al que Bydlowski llama transparencia psíquica. Muchas veces las mujeres embarazadas se encuentran con recuerdos infantiles y aspectos de su crianza como hijas que parecían olvidados. Surge la necesidad de revisar ¿cómo fuimos mater/paternadas? Se trata de un estado relacional particular, donde se relacionan la gestación actual y los recuerdos infantiles. Este proceso puede ser muy movilizante, por eso se dice que el embarazo es un momento muy fructífero para el trabajo terapéutico.

Para toda mujer embarazada, contar con redes de sostén y apoyo es fundamental. El embarazo, cuando es deseado, es un proceso saludable, dinámico, que implica un estado de vulnerabilidad emocional. Siempre es importante poner en palabras estas emociones y pedir ayuda si lo sentimos necesario. Esto recién comienza, en el puerperio se suma la demanda de ese ser que depende de nosotras y la marea hormonal que colabora alterando al comienzo nuestro estado de ánimo.

“La maternidad representa una crisis vital y evolutiva que afecta a todo el grupo familiar. La mujer atraviesa esta crisis en función de su historia personal, la estructura de su personalidad, su situación presente (conyugal, familiar y social), las características del bebé y la ubicación de ese niño/niña en el encadenamiento histórico de su familia.” (Oiberman, 2005)

Lic. Carolina Mora

lic.carolinamora@gmail.com

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