Las madres también nos agotamos

Todos los días recibo en mi consultorio mujeres agotadas de sus maternidades. Madres que a pesar de saberse afortunadas por serlo, están cansadas de sus hijos (a veces o muy seguido). Se sienten malas madres, egoístas, llenas de culpa y por eso no hacen más que aclararme que por mucho que se quejan, los aman. Temen ser juzgadas. Pero ellas son su juez más duro. Ambivalencia y posterior sentimiento de culpa, tan experimentados por las madres. Yo me pregunto, les pregunto: ¿están cansadas de ser madres o simplemente agotadas de ser solamente madres? ¿están cansadas de sus hijos o están agobiadas por la demanda continua de sentir que la responsabilidad de la crianza recae en ellas? ¿les duele la maternidad o por sobre todo sufren por vivir la maternidad en soledad?

Las madres de hoy estamos cansadas, agobiadas, solas. Nos sobran responsabilidades y también ojeras. Nos inundan las demandas y nos falta quien nos acompañe a navegar en el día a día. Sí, hacemos lo mejor que podemos. Sí, amamos a nuestros hijos. Sí, entregamos toda nuestra energía y hasta a veces nos quedamos sin resto para nosotras mismas. Sí. Sí. Estamos cansadas, ¿nos permitimos estarlo? Ser madre no significa dejar de ser sujetos, humanos con necesidades propias. Necesitamos más empatía, validación. Sí. Está bien estar cansadas a veces, no soportar a nuestros hijos, fastidiarnos, agobiarnos, llorar, enojarnos…Esta bien pedir un abrazo, pedir ayuda, reclamar ser una vez nosotras las mimadas. Sí. Las madres también nos frustramos, a veces nos desbordamos y hasta “hacemos berrinches”. Sabemos que luego vendrá la culpa, claro que no queremos sentirnos así, no queremos contrariar la creencia de que somos “todo poderosas”, eternamente amorosas y generosas. “bebecéntricas” por naturaleza. Solemos poner primero a los demás: primero los hijos, primero el compañero/compañera, primero el trabajo, primero la casa, primero la cena….¿Y nosotras?

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Las madres hacemos lo que podemos. Y más. Siempre intentamos hacer un poco más. La maternidad en estas épocas se transforma en una tarea gigante, sobre todo si debemos coordinarla con el trabajo fuera de casa. En la mayoría de los casos faltan  o son inadecuadas las redes, los árboles familiares son cada vez más dispersos. Luego del parto, las amistades se desordenan, se re configuran, algunas se pierden y otras, en el mejor de los casos se transforman para acomodarse a esta etapa completamente nueva.  En el mejor de los casos logramos abrirnos a nuevos grupos de sostén, encontramos en nuevas relaciones espacios de escucha, sonoridad y comprensión. Sí, la maternidad en las urbes tiende a ser solitaria. Es difícil, por momentos insoportable, por momentos ni siquiera sabemos quiénes eramos antes de convertirnos en madres. Extrañamos la que eramos, pero ya no podemos encontrarnos con ella. Quisiéramos ser una nueva versión, mejorada de nosotras mismas, pero parece que esta que somos nos tiene atrapada. El puerperio es una gran ventana que se abre, pero no sabemos con qué versión de nosotras vamos a encontrarnos en el minuto siguiente. Queremos huir, cuando nos damos cuenta de que el cambio es para siempre. Ya no seremos las mismas. La demanda absoluta de los primeros tiempos nos agobia y si bien se va transformando tememos no recuperar nuestra individualidad. Ante estas sensaciones, muchas veces nos sentimos invalidadas, nos juzgan de “adultocéntricas” o egoístas. ¿Cómo sostener a un otro si no podemos sentirnos sostenidas nosotras? ¿Cómo empatizar con las necesidades de un otro si no sentimos cubiertas las nuestras? ¿Cómo respetar si no nos detenemos a escuchar qué sentimos y la forma de respetarnos a nosotras mismas? ¿Acaso existe bebé sin un otro que cumpla una función de maternaje? La Lic. Natalia Liguori nos propone un nuevo término para referirnos a la crianza: vinculocéntrico. El vínculo en el centro de la escena, toma su rol protagónico lo que ocurre en el “entre”. Para que el vínculo sea saludable, el bebé importa y la mamá (o quién cumple la función del cuidador sensible) también. Muchas veces, para  sostener  a sus hijos, las madres necesitan un espacio que les permita sostenerse, para poder sostener sus funciones.

“Mamá, Mujer quiero decirte que no siempre será así. Sí, tu hijo va a necesitarte muchos años más. Vas a sentir el peso de la demanda. Y también irán llegando los días, uno por uno, en que otras personas puedan también cuidar de él. Llegará el día en que prefiera irse con su papá, incluso con sus abuelos o tíos.¡ Y hasta lo vas a extrañar! Pero también vas a disfrutar tus ratos a solas. Las primeras escapadas de unos minutos, se transforman en horas. Vas a volver a saborear el sentimiento de libertad. Ambos, van a aprender a ir y venir en ese movimiento pendular de vaivén que tiene la crianza. De ser un sólo cuerpo en el embarazo, a la fusión del post parto inmediato. Ir diferenciándose, vos, volviendo a disfrutar un poquito de tus tiempos, él o ella, convirtiéndose en sujeto, conquistando su individualidad con cada logro evolutivo. Crecer. Juntos. Pasar de sostener con el puro cuerpo, a sostener con la mirada, con la voz. Irse y volver a una base segura, convertirse en pequeños exploradores para volver a abrazar.

No durará para siempre, pero permanecerá toda la vida. ”

Lic.Carolina Mora

Psicóloga Perinatal

Referencias:

imagen 1: La obra ‘Maternidad’ del autor Ángel Llarroque, en el Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Imagen 2: Alba La Pintora de Somnis (https://www.facebook.com/AlbaLaPintoraDeSomnis/?fref=ts)

 

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