Demasiado pronto- nacimientos prematuros

#Texto escrito para El Parto es Nuestro Argentina 

Meses imaginando ese momento, esperando el día del encuentro, soñando con ese abrazo, esa mirada, esa primera toma del pecho. El parto soñado, la felicidad de tener a su hijo en sus brazos, la sensación de logro.

Muchas veces, la emoción que suscita el nacimiento de un hijo/a aparece nublada, desdibujada o teñida por una paleta de tonalidades oscuras, especialmente cuando eso planificado se nos aparece como demasiado pronto.

¿Qué es demasiado pronto?

Antes de lo esperado. Prematuro.

Prematuro, según la RAE, deriva del latín praematūrus, y tiene distintas acepciones: Entre ellas, puede ser algo que no está a la sazón, en su punto justo de madurez. Algún suceso que ocurre antes de tiempo, y en esta línea, un bebé nacido antes del término de gestación[1].
¿Qué es el término de gestación[2]?

Según la OMS, hablamos de un bebé prematuro cuando su nacimiento sucedió con anterioridad a las 37 semanas de gestación.

Entonces si hablamos de un bebé prematuro, hablamos de que algo sucedió antes de lo previsto, antes de lo planeado e imaginado; y eso conlleva a distintos escenarios, tanto para ese bebé, para esa díada, esa familia y su contexto.

Suelen aparecer sensaciones ambivalentes: algunas veces sorpresa, en otras oportunidades miedo, especialmente ante lo desconocido y no previsto, ante el encuentro de aquello que sucedió que confronta los tiempos reales con los tiempos imaginados. Dependiendo del caso, puede aparecer temor por la salud de ese pequeño ser. Distintas emociones, a veces encontradas: ansiedad, ilusión y desesperanza, alegría y tristeza; pero por sobre todo una intensa incertidumbre.

Ya nada es previsible ni controlable, y la imagen de ese bebé que hasta entonces yacía plácido en el vientre, se nos aparece de otro modo, conectado a distintos artefactos que muchas veces le posibilitan continuar con su desarrollo, ahora de manera extrauterina.

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La imagen más recurrente suele ser la de un bebé sólo en una cunita de neonatología, y la de una mamá/ pareja que tiene que comenzar a pensar en la posibilidad de desprenderse y dejarlo, ya sea para poder dormir unas horas y descansar, o incluso muchas veces para poder ocuparse de otros hijos.

Es una situación de estrés difícil de transitar.

Incluso cuando se puede prever un parto prematuro, aunque los padres hayan transitado por una preparación previa, el impacto de vivir la experiencia los interpela de formas no previsibles.

El estrés se produce cuando una situación del entorno es evaluada como amenazante, y la percepción del individuo es que no cuenta con los recursos para atravesarla. Si bien la respuesta ante el estrés es distinta en cada sujeto, se han encontrado semejanzas entre los padres y cuidadores de bebés internados en UCI (Unidad de Cuidados Neonatales): “Entre las manifestaciones emocionales se destacó inestabilidad emocional con predisposición al llanto, en la dimensión conductual los cambios de hábitos con descuido de la apariencia personal; y por último, en relación a las manifestaciones cognitivas, los padres destacaron la pérdida de atención en la visita a sus hijos, provocada por los ruidos de alarmas y equipos”[3]. La que se ve más afectada por estos síntomas suele ser la madre, y probablemente esto se deba no sólo a que pasa más tiempo en la UCI, sino también a la incomodidad por los síntomas físicos post parto (los cuáles suelen ser más luego de una cesárea) y los desajustes hormonales.

Diversos estudios indican que los padres que transitan una internación en la UCI están más vulnerables a síntomas como el estrés y la depresión. En este marco, a la crisis vital que implica todo nacimiento, convertirse en ma/ padres, se le suma la crisis situacional de tener a su hijo/a recién nacido en cuidados neonatales.

Inmersos en esta situación, puede ser difícil para los padres y cuidadores poner en palabras algunas de las tantas emociones que están transitando, pensar qué preguntar a los profesionales que atienden al bebé, interpretar los informes médicos e incluso participar activamente de sus cuidados.

En este contexto cobra mayor relevancia la necesidad de contar con profesionales de la Salud Mental que puedan estar disponibles desde el primer momento para contener y sostener a quienes transitan por esta experiencia, intentando que la misma sea lo más llevadera posible; facilitando no sólo un espacio de escucha sino también de intercambio con otras personas que pudieran estar en la misma situación.

Este recurso se vuelve crucial cuando ya no se trata de un bebé que está unos pocos días en Neonatología, sino cuando la estadía se vuelve prolongada… Cuando se sabe de antemano que el bebé pasará semanas/ meses allí o incluso cuando no se sabe cuándo estará en condiciones de ser dado de alta. Es necesario entonces poder desplegar estrategias conjuntas entre los diferentes agentes de Salud, ya sea psicólogos, puericultoras, cuerpo médico, enfermeras; articulando si es posible con familiares o amigos que puedan contribuir al armado de una red de sostén y acompañamiento para estas familias. Se trata de pensar el mejor modo posible de “estar en neo” para cada bebé y cada familia, teniendo en cuenta las particularidades de cada caso.

Los espacios de escucha colectivos se tornan muy importantes, ya que el estar con otros en la misma situación suele ser de mucho alivio, y los lazos que ahí se forman suelen hacer que el pasaje por UCI sea menos solitario y más tolerable.

A las complicaciones propias que enfrentan los padres de bebés prematuros se suman dos grandes complicaciones:

Por un lado, las producidas por la falta de leyes que contemplen licencias diferenciadas y remuneradas para los padres y madres que atraviesan por un nacimiento prematuro.

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Por otro, las restricciones que imponen la mayoría de clínicas y hospitales -ya sea en el ámbito público como en el privado- para que mamás y papás puedan tener acceso irrestricto para estar con sus bebés (sobre todo en infinidad de casos en los que el cuadro clínico lo permite).

Aparece con mucha frecuencia el incumplimiento de la Ley Nacional 25.929, que regula los Derechos en el Nacimiento de Padres e Hijos, donde se establece el derecho de los padres al “acceso continuado a su hijo o hija mientras la situación clínica lo permita, así como participar en su atención y en la toma de decisiones relacionadas con su asistencia”[4].

Este último punto contradice lo que sucede en muchas instituciones, donde el acceso a la UCI es regulado por horarios pre establecidos y rígidos; lo cual interfiere en el vínculo, dificulta la lactancia materna y obstaculiza que los padres se ocupen de los cuidados del bebé. Los hermanos, los abuelos y la familia extendida muchas veces no tienen posibilidad de vincularse con el bebé sino a través de fotografías o filmaciones, lo cual limita su implicancia y la posibilidad de funcionar como red de sostén para los padres durante y después de la internación.

//Un recurso posible//

En 1978, Edgar Rey, un pediatra colombiano preocupado por los problemas surgidos a raíz de la escasez de incubadoras y el impacto de separar a las mujeres de los recién nacidos en unidades de cuidados neonatales, desarrolló el Método Madre Canguro (MMC), una técnica de atención de salud para lactantes de bajo peso al nacer que es tan eficaz como la atención tradicional en una unidad de cuidados neonatales[5].

De acuerdo con el MMC, los bebés que pesan 2000 gramos o menos al nacer y que no pueden regular su temperatura corporal permanecen con su madre. Las madres mismas sirven de incubadoras, fuente principal de estimulación y alimentación. Se acomoda a los recién nacidos pegados al pecho de la madre en contacto piel a piel y se los mantiene en posición vertical las 24 horas del día. Las madres pueden compartir el papel de proveedora de la posición canguro con otras personas, en especial, con el padre del recién nacido, sin alterar las rutinas de lactancia materna. El cuidador duerme en posición semi-sentada.

La evidencia respalda la eficacia y seguridad del MMC en recién nacidos prematuros estables, a la vez que ofrece las condiciones ideales para que los bebés se desarrollen, aumenta la participación y la capacidad de los padres y contribuye al proceso de curación. Además, el MMC brinda cuidados de calidad a una fracción del costo de la atención convencional y puede ponerse en práctica en diversos establecimientos en los distintos niveles de atención.

A pesar de que este método cuenta con casi 40 años de antigüedad y de practicarse en distintas partes del mundo con altísimos resultados, aún no hay leyes que reglamenten ni lo promuevan en los distintos programas de Cuidados Neonatales.

El desafío es seguir promoviendo este recurso, especialmente beneficioso tanto para el establecimiento temprano del vínculo mamá- bebé como para la pronta recuperación de ambos.
Lic. Natalia Gulman

Lic. Carolina Mora

Lic. Carolina Sujoy

[1] http://dle.rae.es/?id=U0yTWT3

[2] http://www.who.int/features/qa/preterm_babies/es/

[3] Caruso, Agostina, Mikulic Isabel María, “El estrés en padres de bebés prematuros internados en la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales: Traducción y adaptación de la escala parental stressor scale”

[4] Ley Nacional 25.929

[5] http://www.paho.org/hq/index.php… -care&catid=6601%3Acase-studies&Itemid=40275&lang=es

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