Principio y fin: camino al destete

La historia de nuestra lactancia empezó incluso antes de que te mirara por primera vez a los ojos, empezó con mi propia infancia, con los relatos de mi nacimiento. Supe que iba a amamantarte desde siempre, supe que deseaba hacerlo. Tuve la convicción de que podría hacerlo, así como lo había hecho tu abuela conmigo, quien me dio la teta hasta pasados los dos años. ¡Cuánto tiempo juzgue a la abuela por ello! ¿Tanto tiempo me diste la teta? ¿Era necesario? ¿No es que eso interfiere en el desarrollo e independencia de los niños?, como me habían enseñado en la facultad. ¿Acaso el padre no debía poner el freno en ese vínculo vicioso de la madre con el hijo e instaurar un corte? Juzgue a la abuela, juzgué a otras madres, pensando que jamás haría algo así, cuando aún ni imaginaba lo que sentiría al tenerte en mis brazos y ver tu felicidad al amamantarte. Y la mía.

Cuando comencé a buscarte decidí y pude, vivir tu gestación de una forma consciente. Leí, busqué un grupo de apoyo con otras mujeres y me entregué a la aventura de sentirte. Me acuerdo que fui a un taller sobre lactancia y ahí me sorprendí al saber que para todas las madres no era tan sencillo lograr que el bebé se prenda, por ejemplo. Siempre pensé que era algo natural, que no había nada técnico que aprender. Luego de eso entendí que fuimos privilegiadas al poder vivir con tanta naturalidad y fluidez nuestra lactancia.

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Naciste  y te prendiste inmediatamente al pecho, no hubo separaciones, intentos fallidos ni grandes dificultades más que un par de gritas y la molestia de la subida de la leche que pude manejar con algunos consejos simples de una puericultora. Pronto descubrí el placer de amamantar, la incomparable sensación de sentirme poderosa, nutricia, fuerte, mujer. Verme en tus ojos que se abrían y cerraban con un gesto de inmenso disfrute, saberme capaz de calmarte de forma inmediata, todo se pasaba con un poco de leche dulce y contacto piel a piel. Si tuve miedo los primeros controles, tenía muchas mujeres conocidas a las que les habían indicado usar leche de fórmula porque “la teta no le alcanzaba al bebé” o no engordaba lo suficiente. Me acuerdo que el primer control cuando el pediatra te puso sobre la balanza mi corazón latía y una voz adentro me susurraba “seguro está bien”, y por suerte fue así. Tuvimos el privilegio de vivir nuestros primeros seis meses con lactancia exclusiva, sin siquiera usar una mamadera. Recuerdo que tampoco te ofrecí chupete, ya que había leído que podría interferir en la lactancia y preferí no correr riesgos  (cuando me di cuenta que en algunos momento hubiera sido útil, vos, sabia, ya no lo querías ¿para qué si tengo la teta de mamá?). Tuvimos la suerte de poder elegir con tu papá ganar menos, vivir más justos pero que me quedé a cuidarte el primer año de tu vida. Eso nos facilitó mucho las cosas en relación a la lactancia, ¡todos los bebés y todas las mamás tendrían que poder elegir cuándo volver al trabajo! Tenías teta a libre demanda 100% del tiempo, de día y de noche, ya que practicamos el colecho. Había días que tomabas a cada rato, noches que hasta te despertabas una vez por hora, por suerte yo no lo notaba del cansancio que tenía y de lo cómodo que era ni siquiera tenia que levantarme.

¡Qué emoción cuando por primera vez te escuche pedir tetaaaaaaaaaaa con palabras! No voy a olvidar la alegría al ver que llegaba el momento de prenderte de ese pezón luminoso que te acercaba al momento que más deseabas.  A veces, muchas, hasta surgía una risita ansiosa en el instante anterior, ¡era maravilloso todo lo que causaba en vos!

Llegó tu primer año y seguíamos disfrutando ambas de esta forma de vincularnos. Ahora empezaste también a hablarle a las tetas, en tu lenguaje. Y hasta creaste juegos con ellas! Tomabas una, la otra, alternando casi como un bailecito. Cuando empezaste a caminar, te caías y venías rápido a pedirme tu “teta analgesia”, entonces te prendías y respirabas profundo aún con las lágrimas corriendo sobre mis pechos, y cerrabas los ojos con un gesto de paz.  No voy a olvidarme nunca los días que por una caída, estuvimos internadas en pediatría. Ese día fue muy angustioso, no habías cumplido un año y tenían que dejarte en observación porque te habías desvanecido con el golpe. Las primeras horas no podía darte el pecho, no sé bien por qué, pero fue la primera vez en 11 meses que tenía que mezquinarte la teta y justo cuando más le necesitabas, estando en un lugar extraño, con un suero puesto. Lloramos tanto juntas, hasta que finalmente te dormiste encima de mí. Por suerte fueron unas horas y luego pasaste los días siguientes prendida, colechando en la clínica. Y volvimos a casa.

Todos nos decían que eras igual a mí, por tomar tanta teta. Algunas personas no aprobaban que te siga dando a demanda, en cualquier lugar y momento. Por suerte o por mi forma de responderles y la de tu papá, que siempre nos apoyó en la lactancia, sus dichos no nos influyeron ni condicionaron. Teníamos un pediatra que no nos molestaba con el tema, que lo apoyaba y nos dejaba ser. Teníamos un papá involucrado, amoroso, respetuoso, que supo sostener a pesar de perder un poco a su mujer,  el vínculo que tanto necesitábamos las dos. Teníamos nuestros fular, con los cuales sostenerte y sostenernos para poder trasladarnos con la teta cerquita y sin barreras arquitectónicas. Teníamos leche en las tetas y amor en el corazón. Teníamos nuestras miradas, tiempo compartido infinito. Teníamos una red de mujeres que nos acompañaban, nos teníamos a nosotras.

Camino al destete…

¿Cómo fue que un día, empecé a sentir incomodidad al amamantarte? No lo sé bien, no sé bien qué fue pero algo en mi interior cambió.  No fue de un día al otro, pero algo se reveló en mí. Y hubo un día en el que pensé que ya no tenía ganas de darte la teta cada vez que la pedías. Sabía que para vos era algo preciado, sabía que seguía disfrutando hacerlo, pero no todo el tiempo. Entonces, me escuché. Y te escuché también. Tenías un poco más de 1 año  y entonces pensé que era el momento de empezar a ofrecer otras cosas además de la teta, aunque tu pedido sea muy claro desde la palabra, sabía que muchas veces pedías teta por pedir contacto, atención o algo especial. Empecé a reemplazar algunos de esos pedidos, por otras respuestas: agua, algún cereal, más juegos, etc. Hubo un momento de nuestra relación que pensé que lo único que querías de mi era la teta, y sí, hubo un tiempo que sí y eso estaba bien. Pero ibas creciendo y te observaba jugar con tu papá y…

¡lo envidiaba! ¡Cuántas cosas podías hacer con él que no hacías conmigo más de 5 minutos sin pedirme teta! ¿Acaso era sólo una teta para vos? Tanto planear momentos juntas ¿para que todos terminen amamantando? Llegó un momento en el que no podía sentarme ni 5 minutos tranquila sin que me vinieras a “atacar”. Venias gateando o caminando como podías con un gesto de felicidad, que era imposible negarte cualquier cosa. Me acuerdo que las primeras veces que empecé a salir sola, a trabajar algunas horas, cuando llegaba a casa, tu saludo era un “tetaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa” larguísimo. ¡Era tan feliz de esos momentos de re encuentro! Pero a la vez pensaba ¿cuándo va a saludarme “mamá”? ¡Quiero que me quiera a mi completa, no sólo una parte!

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No me gustaba que llores por la teta, intenté nunca negártela, aunque mi sensación de necesitar que mi espacio corporal vuelva pertenecerme era cada vez  más intensa. De la mano de esto aparecían mis ganas por desarrollarme fuera de casa, en mi profesión, y tus ganas de explorar el mundo. Comenzaste a disfrutar de la compañía de otras figuras importantes en tu vida: los abuelos, los tíos… Ya podías pasar horas sin mí, sin sufrir, extrañando claro, pero también disfrutando del universo de posibilidades que se te abría al vivir otras cosas con otras personas. Lo mismo me pasaba a mí. Estábamos creciendo. Creciendo juntas. Era raro, era difícil por momentos, pero también era un momento de plenitud. Ambivalencia. Querer alejarme para ser, necesitar que me vaya para que seas, pero extrañarnos tanto y volver a disfrutar de estar pegaditas en esos momentos de amamantamiento únicos.

Cuando cumpliste dos, ya estaba más segura de querer avanzar en el proceso de destete y de que vos estabas más preparada para que lo hagamos. Me acuerdo que un día, así como se me viene de forma repentina, estábamos por tomar el tren, siempre ibas en el mei tai, y prendida a la teta en el camino, sentí que no podía darte más, que no quería darte más en el camino. Entonces te expliqué, que ya no podíamos tomar mientras caminaba mamá, que había que esperar a sentarnos tranquilas. Te enojaste un poco, pero aceptaste porque inventé no sé qué canciones para esperar, jugando. Unos pocos días después llegaría a decirte que no te iba a dar más teta en la calle, que teníamos que esperar llegar  a casa, o al lugar a dónde íbamos. Era difícil para mí negarte esas tomas, porque siempre viajábamos solas y no tendría ayuda para consolarte. Y también te enojaste un poco, pero también juntas encontramos recursos para que lo aceptes. Cada vez fui reemplazando más tomas también en casa.  Ahora que escribo esto, me doy cuenta, que por cada toma a la que “renunciabas”, ganábamos una nueva forma de vincularnos. Hoy lo puedo ver con claridad, en ese momento no era tan sencillo lidiar con tu angustia por momentos, con la culpa por otros. Siempre quise que dejaras de tomar de forma natural, soñé con que algún día vos me destetearías a mí. No pensé que iba a cansarme de la lactancia. Pero me pasó y tenía que ser honesta conmigo misma, y con vos. Quise criarte de forma respetuosa, pero para respetarte también tenía que ser coherente y respetar mis sentimientos, de nada serviría seguir dándote la teta con rabia o enojo como había noches que me encontraba haciéndolo. Esa fue la parte más difícil del destete, la noche. Pero para esa parte faltó un poco de tiempo. Estamos por el día.

Pasamos unos meses así. Con cada nueva “negociación” o pacto nuevo que íbamos construyendo se renovaban mis ganas de amamantar, se me hacía más llevadero el proceso a pesar de que sabía que estábamos en el camino al destete. Un día dejaste de pedirme “teta” primero, para decirme “hola mamá”. Felicidad plena. Nuevos juegos, conversaciones. Entonces, un día como los demás, decidí que ya no me sentía cómoda dándote la teta de día. Ya habías disminuido muchísimo la demanda, hacía meses que ya no “tomabas a demanda” y por la noche pedías muchas veces. Había noches que me despertaba cada una hora, mi mal humor era muy grande. Realmente había tomas que estaba dándote con bronca ¡dormite de una vez! No aceptabas tampoco que papá te durmiera. Pensé que dejar de darte en el día me daría más fuerzas para afrontar la noche. Y fue así.

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Empecé primero ayudándote a decirle “chau” a las tetas después de cada toma del día y a acortar las tomas. Te contaba que estaban cansadas. Me daba cuenta que muchas veces pedías por aburrimiento, o simplemente porque me veías disponible. Te ofrecía más juegos, si me pedías te decía “un poquito y chau” las tetas están cansadas. Estas cosas funcionaron de maravilla, no sin antes enojarte o impacientarte un poco cuando ibas dándote cuenta que el proceso había empezado para no volver nunca a ser “a demanda”. ¡Cuánto habías crecido! Un día te miré a los ojos, te hice upa, y te dije, con firmeza y mucho amor, que la teta a partir de ese momento, iba a ser sólo para dormir. Luego de tu ciclo de enojo, aceptaste este nuevo pacto sin problemas. Pienso que estabas entendiendo que por cada toma que íbamos dejando mamá seguía ahí, incluso más fuerte y paciente para jugar juntas, con más energía. ¡Era un enorme alivio para mí!

Paralelamente, a la noche te seguías despertando mucho. Ya para ese momento te habíamos ofrecido tu cuarto para dormir, algunas veces dormías allí y otras con nosotros. Según lo necesitabas. Yo me daba cuenta que cuando dormías en tu cuarto dormías más horas seguida, y por lo tanto pedías menos. Tardabas mucho en conciliar el sueño de noche, pienso ahora que se debía también a no querer dejar de tomar teta. Eso me impacientaba mucho. Sumado a los múltiples despertares. Ya para ese momento estaba trabajando con un ritmo bastante más intenso, y no me era nada fácil la rutina cansada. Esos meses fueron de mucha angustia. Puedo decir que la parte más difícil del destete fue la noche. Parecía imposible que aceptaras dormir sin teta, al menos no pedir tanto. Hubo noches que creí enloquecer. Intenté cosas de las que me avergüenzo, pero que quiero contar para humanizarme, para que tal vez alguna otra mujer que me lea se sienta identificada, para que nos juzguemos menos porque no sabemos qué ocurre en la cabeza de la otra, ni en su alma. En la desesperación me enojé, lloré, te grité alguna vez, te deje sola con tu papá llorando porque si no sentía que me ahogaba en el momento. La desesperación me ganó cuando probé ponerme limón en los pezones, a pesar de saber que no estaba bien y que no quería destetarte así, cuando probé ponerme una curita y decirte que estaba lastimada. Una madre con pocas horas de sueño puede llegar a cometer esas locuras, incluso contra su voluntad, incluso engañando a su propia hija cuando lo que desea es todo lo contrario. Faltándote el respeto e hiriéndome a mí misma con prácticas de crianza que no elijo y me avergüenzan. Por suerte, después del grito vino el abrazo, después de mi distancia vino el consuelo de papá y por suerte ¡no rechazaste la teta ni siquiera con sabor a limón! Por suerte, vos con tu sabiduría me diste la posibilidad de reparar todos mis errores (al menos los que tenían relación con el destete) y nos regalaste la posibilidad de que hoy este escribiendo esto para contarte que nuestro destete fue hermoso.

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Cuando después del sentimiento de culpa vino la calma, pude pensar y hablé con vos, como lo había hecho siempre. Te dije que la teta estaba cansada, que como ya estabas grande ya no había tanta leche y que desde ahora a la noche cuando te despertaras ibas a tomar le leche que te dejaba la vaca “Margarita”, que gentilmente compartía con nosotros. Como siempre, después del enojo inicial, llegó la aceptación, hasta disfrutabas esa leche calentita de media noche. Ya venías tomando leche de vaca a la tarde, fue una gran aliada del destete diurno y por suerte pasó lo mismo a la noche. Durante unos meses, tomabas una teta, una teta y chau. Si te despertabas papá te preparaba la leche, sí, porque la leche de la noche sólo la aceptabas si te la preparaba papá ¿curioso no? ¡Qué panzada de interpretaciones podrían hacerse los psicoanalistas más ortodoxos!

Hoy hace 12 noches que no tomas teta. Fue el último paso.

Antes de eso, la familia de papá te regalo tu cama grande, como le decís, y feliz decidiste luego de tener habilitado el espacio, que querías dormir allí. Desde ese momento, mamá se acuesta con vos en tu cama, leemos unos cuantos cuentos y me pedías una teta, una teta, “tomabas” una milésima de segundo (porque para mi sorpresa hace un tiempo que no me sale ni una gota de leche) y te ponías de costado para dormir.  Y entonces mamá se va a dormir a su cuarto. Si te despertabas de noche, me llamabas, mamá vuelve a acostarse con vos, tomas una leche de Margarita y a dormir de nuevo.

Así fue por un mes, hasta que una noche yo estaba enferma y con mucha fiebre. Fue la primera noche que a pesar de querer no pude dormirte. Esa noche no hubo ritual de la teta. Dormiste acostada con papá, leyendo cuentos. No te angustiaste, me entendiste. Y la noche siguiente, ante mi sorpresa, esta vez te dormiste con cuentos contados por mí. Y así las 3 noches siguientes. No hubo pedido de teta. Cuando la cuarta noche te acordaste de que no habías tomado, y me pediste, te explique que ya no la necesitabas, que hacía varias noches que estabas durmiendo sin teta, que si querías podías darles un beso o acariciarlas. Te impacientaste un poco, creo que  sobre todo por saber que realmente estaba finalizando un momento, un hábito, una forma de vínculo que no íbamos a poder recuperar más. Lo aceptaste. Me abrazaste. Me dijiste “te amo mucho mamá”.

Me abrazas cada noche antes de dormir, me seguís mirando con un amor incondicional, algunas veces me decís “mamá, teta” y jugas a que tomas, feliz, con una sonrisa, algunas veces las acaricias. Algunas veces me da nostalgia, como ahora mientras escribo esto, y también me da alegría. Satisfacción de saber que vivimos 31 meses de lactancia materna, 31 meses de un vínculo que es para toda la vida. 31 meses de besos, de miradas cómplices, de darte algo que nadie más podía hacerlo, de esa conexión especial, de un idioma compartido. 31 meses de amarnos.

Gracias Catalina, gracias a mi cuerpo que fue sabio y supo nutrirte, gracias a todas las personas que sostuvieron nuestra lactancia, gracias a los que la respetaron a pesar de no entenderla o no estar de acuerdo. Y un gracias especial, fundamental y enorme a quien me ayudó a crearte, a quién te dio también la vida, a quién nos sostiene y nos ama: ¡Gracias Papá!

 

¡Por muchas más lactancias gozosas, por muchos más bebés felices, por nuestro derecho de amamantar dónde sea!

AMAMANTAR ES AMAR

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Enlaces de interés:

Fundalam: asesoramiento de puericultoras: http://www.fundalam.org.ar/

Alba Lactancia: http://albalactanciamaterna.org/lactancia/tema-4-cuando-los-ninos-crecen/el-destete/

Carlos Gonzalez: http://www.serpadres.es/bebe/lactancia-alimentacion/articulo/destetar-al-bebe-final-lactancia-materna

 

Carolina Mora- Psicóloga

Apoyo a la lactancia- Orientación en el proceso de destete.

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4 thoughts on “Principio y fin: camino al destete

  1. me emocioné leyéndote
    y me sentí muy identificada; no aún en la desesperación; pero llevo ya 24 meses amamantando a Fidel, y me hace inmensamente FELIZ

  2. Me siento totalmente identificada, desde lo más hermoso hasta lo que menos nos gusta.
    Ahora que estoy embarazada de nuevo estoy jugándole al destete con mi hija de 25 meses, me siento cansada e irritada y pienso en si podré o seré capaz amamantarle a los dos al tiempo… y bueno tiempo al tiempo.
    Gracias por compartir tu sentir querida mujer.

  3. Guau! Que hermoso tu testimonio. Mi nene esta a un mes de cumplir los dos años y me desespera pensar en no lograr el destete. Tenia la esperanza como vos decis de que el de repente eligiera dejarla solo (lo hizo con el chupete al año y medio) pero no creo que suceda y las noches al igual que en tu caso son lo mas dificil. Me da animo leer que se puede hacer como un proceso y razonando con el y no de un dia para el otro como me aconsejan muchos. La verdad ya no se a quien escuchar o que consejos tomar. Me gusto mucho tu historia.

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